domingo, 3 de julio de 2011

Derby en Lima

Periódico de la época recuerda el marcador 


La historia contará que alguna vez Barcelona y Real Madrid fueron teloneros de Sport Pilsen, Cienciano, Deportivo Cañaña y La Joya de Chancay. Si, en el marco de la Copa  Perú se enfrentaron  el Barcelona de Surquillo y el Real Madrid de Camaná en la Finalísima del “fútbol macho”, año 1983.



Así, la esencia de los dos equipos más poderosos de España quedó afincada en el amarillento (pero natural) grass del Estadio Nacional de entonces. Fue también, ciertamente, un homenaje al desacierto y al codazo en la córnea, tan característico del viril precepto que guía al campeonato de ascenso peruano.

La inverosimilitud fue también instaurada por los co-partícipes de aquel hexagonal final. Por ejemplo, el Sport Pilsen de Guadalupe (a la postre campeón del torneo), que, al no contar con fondos para hospedar a su delegación en un hostal dos estrellas, encontró alojamiento en la cochera de su presidente, Sr. José Lupardi, en el jirón Mariano Aragonés 165, Balconcillo.

El Barza y el Madrid no tuvieron tantos problemas. Los azulgranas se recluyeron tras las altas paredes del colegio Leoncio Prado. Se especuló con conseguir albergue en una casa de retiro en Chaclacayo, pero su dirigencia favoreció el rigor de la disciplina militar en desmedro de las curativas bondades de Chaclacayo, “remanso feliz de bonanza, tierra verde, dorada y azul”, como reza el vibrante himno que le compusiera doña Maruja Silva Calderón.

Los madridistas, en cambio, prefirieron la cercanía y fueron huéspedes ilustres del hostal Renacimiento de Santa Beatriz. A él arribaron con un cargamento altamente nutricional consistente en un saco de frejoles, tres de arroz, dos de papas y cuatro bolsas de fideos. Conformaron la delegación 21 futbolistas, el comando técnico y la Sra. María Dolores Vásquez, quien desempeñaba la triple función de cocinera, huesera (léase, masajista) y madre del jugador Alfredo Luna.

Ambos cuadros asumieron la identidad de sus parientes ibéricos de forma variable. Barcelona sí vistió con los colores azulgranas, aunque no tuvo un Himné de Barça ni Serrat que lo cantara. (Jalón de orejas para su directiva que, con algo más de esfuerzo, hubiera conseguido que las orquestas de Lucho Macedo o Nico Estrada, surquillanos de alma y pie, le hicieran una huaracha).

Real Madrid, en cambio, fue más cauto y no pretendió alzarse como sucursal camaneja de los merengues. Por ello, eligió una indumentaria íntegramente celeste, basándonos únicamente en los reportes de la época que así lo indicaban, ya que las fotografías en blanco y negro no permiten dilucidar el factor cromático. Comprenderán los lectores que aún no había High Definition.

Como turbadora apoteosis, los delegados de los seis clubes hicieron la presentación de la Finalísima en la Casa España.

Pa
ra el que le interese, Barça de Surquillo acabó goleando 4-1 al Real Madrid de Camaná, pero por suerte ninguno de los dos llegó a Primera y salvamos así del ridículo internacional.

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